Tu novia te ha dejado, no sabes muy bien qué ha ocurrido después pero de repente tu vecina te pide que la ayudes a mover unos muebles. ¿O no? Aceptas, ¿por qué no?, y entras al instante en un mundo de seducción, surrealismo, imaginación y metáforas constantes que por poco no acaba contigo. Es esencialmente la historia de Next Door, protagonizada por John (Kristoffer Joner), un aburrido hombre con un trabajo monótono y pocas aspiraciones en la vida, que de repente entra en la vida de Anne (Cecilie A. Mosli) y Kim (Julia Schacht), sus dos vecinas, hermanas, y con muchos, muchísimos secretos guardados en el interior de su claustrofóbico y fortificado piso. Y nada vuelve a ser como antes.
A partir de ahí se hilvana un argumento que va desgranándose poco a poco, cual película de David Lynch sólo que un poco más accesible. Con escenas fuertemente violentas y sexuales, la película traza una frágil línea entre la realidad y la ficción, entre el onirisimo y la razón, cuestionando en muchas ocasiones si existe realmente algo que divida los dos lados de la balanza. Juega a favor de la narración una puesta en escena tópica pero efectiva (pasillos angostos, poca iluminación, planos angustiantes) y una fuerza que se basa en la corta duración de la película (apenas hora y cuarto). Bofetada en la cara, directa y sin escrúpulos, y para casa.
Como toda película surrealista que se precie, empieza aparentemente normal, y poco a poco se va desfigurando hasta convertirse en una imagen borrosa en la que resulta imposible discriminar la realidad de la ficción, el sueño del mundo palpable y la razón de la locura. Es una lástima que una película que plantea temas tan interesantes, los desarrolla de manera acertada (poco a poco vas descubriendo qué se esconde detrás de las vecinas y sus relaciones, qué ha pasado con la ex-novia de John, etc.) y tensa al espectador como las mejores de Lynch o Cronenberg, acabe con un final decepcionante en el que se explica absolutamente todo el entramado de manera evidente y sirviéndoselo en bandeja al espectador. Esto choca frontalmente con la sensación y el esfuerzo que la película reclama al espectador a lo largo de todo su recorrido; casi podríamos decir que menosprecia la capacidad interpretativa del espectador sirviéndoselo todo en bandeja en los últimos cinco minutos de película, cuando lo lógico hubiera sido que fuera el espectador quien tuviera que hacer el ejercicio de elaborar la conclusión (en caso de que pudiera haberla). Esto sin embargo facilitará al espectador medio la digestión de una película dura, hiriente pero sin duda merecedora de ser vista.
Valoración-7

2 Comentarios
JOSE ANTONIO comentó
el miércoles, 09 de eneroDavid comentó
el miércoles, 23 de enero